La cereza del pastel (días 51 y 52)

Ayer Sábado, amanecimos en el parqueadero del Centro de Convenciones de Morelia después de una buena noche de descanso. Esto a pesar de que huboun evento con mucha gente, pero poco ruido.

Desde las 7 am el estacionamiento se comenzó a poblar, así que salimos disparados para Guanajuato.

Nos adentramos en el Bajío, y entendimos en la ruta por qué esta región ha sido la despensa de México por tanto tiempo. En la ruta vimos mucha agua y fértiles llanuras rodeadas de montañas de plata. Pueden ver las fotos del camino haciendo click aquí.

Montañas literalmente de plata, pues esta región era la mayor productora de plata en el imperio español. Eso, sumado a la agricultura, hizo de Guanajuato una importante ciudad colonial, como vimos en sus calles.

Llegamos a hacer siesta, y salimos de marcha por la ciudad nocturna, que estaba muy animada por ser sábado de puente.

Más que rumba, lo que hay es que “callejonear”. Nos apuntamos a un recorrido por las callecitas del centro de Guanajuato con una Tuna. Cris cantó mucho, se bailó, y terminamos a media noche en la calle del Calle del Beso, antes de irnos a dormir.

Hoy domingo los museos son gratuitos en México (siempre que uno parezca mexicano), así que tomamos el camión para el centro. En Guanajuato los buses tiene cobrador, como en Lima, pero en lugar de gritar “¡avancen al fondo hay sitio!” solo dice “pásele, pásele”.

Llegamos a la Alhóndiga de Granadinas a tiempo para que un ameno narrador nos contara cómo el ejército independista se tomó este edificio, donde los” gachupines” se habían resguardado.

Pípila” es el héroe de este evento. Un humilde minero que incendió la puerta para que las tropas ingresaran.

Su estatua está sobre una colina que domina la ciudad, a la que se sube en funicular.

Este plan de llevar a los niños el domingo, sin costo, a ver de historia de manera divertida, muestra una faceta maravillosa del nacionalismo mexicano. Sobra decir que nos lo gozamos.

En las calles de Guanajuato se puede ver la riqueza cultural y económica de la colonia y siglo XX. Por ejemplo, el Teatro Juarez, inagurado por Porfirio Díaz poco antes de la Revolución, tiene poco que envidiarle al Palacio de Bellas Artes en CDMX, que es unos 30 años menor.

Y la catedral de Nuestra Señora de Guanajuato está a la altura de la de cualquier ciudad mucho más grande.

Con ésto, no resulta sorprendente que esta ciudad, que hoy tiene menos de 200 mil habitantes haya producido al comunista más sibarita que ha conocido Latinoamérica, después de Neruda, Diego Rivera.

Guanajuato ha sido la cereza del pastel de la “etapa colonial” de este paseo.

De regreso a casa, nos tomamos una siesta para recuperarnos de la caminata, pero nos interrumpió el mayor enemigo del viajero en camper: el agua. Esta noche sabremos si la impermeabilización que con gran maestría hizo Rodrigo en Chetumal resulta eficaz.

Mañana emprendemos rumbo al mar nuevamente, pues se viene la crecida, con una rápida escala en Guadalajara.

2 Comments

  1. Me fascina leer sus experiencias Cris y Rodri. Los lugares son tan hermosos y llenos de historia o paisajes. La historia del beso ¡Qué fuerte!, mejor hija muerta que casada con pobre. Hermoso todo. “Diego Rivera, lápiz en mano dibujaba a Frida Khalo desnuda…”.

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